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Un espacio abierto a todos los apurimeños nacidos y los que vivimos, trabajamos, estudiamos o compartimos este hermoso clima, las tradiciones y el sentimiento telúrico de un pueblo que lucha diariamente contra la pobreza y la desnutrición, por más oportunidades para todos y todas, sin discriminación.
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Renace la esperanza del pueblo en una nueva Constitución
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La esperanza de los más pobres, se pierde desde la ruptura de Izquierda Unida, que nos dejo ejemplos de lealtad, integridad moral y consecuencia, en nuestros líderes: Alfonso Barrantes Lingán, Daniel Estrada Pérez, Gustavo Mohme Llona y Maria Elena Moyano, verdaderos ejemplos a seguir por los gobernantes.
Hace mas de 10 años, el 12 de setiembre del 2002, el Congreso inició el debate del proyecto de Reforma de la Constitución. Dos parlamentarios, Daniel Estrada y Yohny Lescano, consideraron que la reforma constitucional no debía ser desarrollada por el Congreso, sino por una Asamblea Constituyente.
Daniel Estrada nos abandona el 23 de marzo del 2003, pero sus ideas quedan. Un mes después, el Pleno del Congreso de 24 de abril del 2003, aprobó suspender el debate constitucional desde el 25 de abril hasta el 5 de mayo. En los hechos, esa suspensión continúa hasta la fecha. Los últimos artículos aprobados estuvieron referidos al Régimen de Excepción.
La Constitución no ha establecido ningún trámite para que el Congreso efectúe una nueva Constitución, sino solamente para reformarla, pero manteniendo su identidad y continuidad, por lo que un análisis minucioso y doctrinario no puede dejar de lado que el poder de reforma sólo permite modificarla parcialmente. La facultad de dictar una nueva Constitución es exclusiva del pueblo, a través de una asamblea constituyente, elegida expresamente con dichas facultades.
Diez años después de su desaparición física, la sombra de Daniel Estrada nos recuerda los deberes de todo peruano demócrata consecuente. Debemos zanjar con quienes rechazan la propuesta de convocar a Asamblea Constituyente para elaborar la nueva Constitución que el país necesita y que reclamamos, especialmente quienes hacemos vida política; nos diferenciamos de las fuerzas políticas que concertadamente gobiernan el Parlamento Nacional, porque conculcan los derechos inalienables y soberanos del pueblo.
Hacer una Constitución, es “constituir” un país, fundarlo en la esperanza y convicciones de la nación que la adopta. Es el verdadero y único poder capaz de otorgar a la sociedad de una organización que se desarrolle bajo el gobierno (mando) de un Estado. Ese poder supremo, incondicional, primero, único, radica en el pueblo, únicamente por el pueblo, exclusivamente en el pueblo. Quien se arrogue su representación sin tener el mandato expreso de él, simplemente lo usurpa, lo viola, lo ocupa.